Intimidades violentadas
Una reflexión sobre los límites del arte
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Sentirse empujada al lugar donde no se debe estar, sea una relación un espacio peligroso, una emoción desbordante y arriesgada, un proyecto suicida, un viaje al lugar más absurdo del planeta; salirse de lo que está bien, de lo que funciona, de lo bueno, para exponerse a lo desconocido, al abismo, pues.
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Es lo que le sucede a Estela, la narradora de Hasta aquí todo va bien (Candaya, 2025), de Estela Sanchís.
[sí, narradora y escritora comparten nombre (por voluntad expresa de la autora), lo cual más allá de problematizar la novela, le da una fructífera ambigüedad, pues tanto se puede leer este texto en tanto que libro de artista como novela autobiográfica, y según tomemos una opción de lectura u otra, el texto cambia]
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En el libro nos encontramos con Estela (la narradora del libro), que acaba de llegar a Budapest, a una residencia de artistas (y para la cual no tiene ningún proyecto pensado, o en marcha; apenas si tiene ninguna idea para su arte, acaso duda de si seguir haciendo arte, más bien). Hace dos semanas que se acaba de casar con su novio último, pero aquí viene sola.
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Y, ¿para qué? Se pregunta Estela y nos preguntamos nosotros. Para qué venir a esta residencia (Kpal Artist Residency), para qué querer seguir soñando con el sueño de ser artista (lidiando con la precariedad, la pobreza, la frustración y el maltrato del sistema). Y aun más, preguntándose: ¿de veras tengo talento para el arte?
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Estela está en un momento de crisis vital, y no solo artística. Pasados proyectos no aseguran futuras ideas artísticas; siquiera ideas presentes. Y en ese mar de dudas deambula por las calles de Budapest, tirando fotos, mirando edificios y gentes, buscando razones, motivos. Pensando en la estupidez de todo, pensando… ¿por qué nadie me ve?
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En ese (sin)vivir una vida triste, Estela necesita el arte, para salir del aburrimiento, de su sentir taciturno, de esa pesadumbre de los días iguales, repetitivos. Y ahí encuentra la transgresión, el horror (y su romanticismo; en un sentido etimológico). Una forma extraña, se podría decir, del amor.
Provoca, le pide a alguien, que le den una paliza (esta paliza que a la narradora le produce satisfacción y placer se resuelve en el primer capítulo, por lo que no os estoy haciendo excesivos spoilers; el drama verdadero vendrá después, cuando entendamos lo que va a hacer Estela con esa paliza; las consecuencias, pues, del acto).
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Es cuestionable (o no, eso queda a criterio del lector) el método de Estela: la violación de intimidades ajenas. Hacer arte con la familiaridad cotidiana de los otros (que no necesariamente es convencional, ojo, pero sí intima, personal, privada, porque ya verá el lector el pavor de esa profundidad monstruosa de las intimidades que aquí se crean y fomentan).
Esto es: hacer público lo privado.
[estirando, rompiendo los límites]
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El libro de Estela Sanchís plantea varios temas importantes; a saber: si el arte se provoca o sucede, si vale la pena vivir una vida sin arte y, lo más importante, cuál es el límite moral del arte (si lo hubiese). Así: ¿es lícito servirse de nuestra intimidad con los otros para hacer obras que se expondrán públicamente? ¿cuáles son los límites de lo personal en la creación artística? ¿es legítimo violentar, de manera decidida, las confianzas ajenas para crear arte?
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Preguntas que no tienen solución, o no una sencilla y clara, indubitable. Por ello, Hasta aquí todo va bien es un libro estupendo, pero incómodo, porque nos plantea unos límites morales que nos vemos obligados a confrontar, y preguntarnos dónde ponemos (o pondríamos) cada uno de nosotros esos límites.


No sé si me gustan más los libros que comentas, o tus comentarios sobre los libros. Y siempre me interesan los libros que recomiendas, ojo.
Interesante tema, sobre todo a día de hoy con la sobreexposición que hay de lo íntimo. 'La ciudad solitaria', de Olivia Laing, profundiza también en ese tema desde el análisis de grandes artistas en relación con la ciudad y sus fantasmas personales. Creo que también te gustará.